Causas del ictus: por qué se produce

Profesional sanitario midiendo la tensión arterial a un paciente con esfigmomanómetro

Entender las causas del ictus es el primer paso para prevenirlo. Aunque un ictus parece algo que ocurre de repente, en la mayoría de los casos es el resultado de un proceso que lleva años gestándose en silencio: arterias que se van estrechando, una tensión arterial demasiado alta durante mucho tiempo, un corazón que late de forma irregular. La buena noticia es que gran parte de esos factores se pueden detectar y controlar.

La causa inmediata: falta de riego en el cerebro

Como explicamos en nuestra guía sobre los tipos de ictus, la causa directa siempre es la misma: una zona del cerebro deja de recibir sangre. Esto puede ocurrir porque una arteria se tapona con un coágulo (ictus isquémico, el más frecuente) o porque un vaso sanguíneo se rompe y sangra (ictus hemorrágico). Pero detrás de ese coágulo o de esa rotura casi siempre hay uno o varios factores de fondo que han preparado el terreno.

Los factores de riesgo que más pesan

Persona mayor midiéndose la tensión con un tensiómetro de muñeca en casa

Los factores de riesgo se dividen en dos grupos: los que se pueden modificar (con tratamiento, hábitos o ambos) y los que no. Los modificables son los que realmente marcan la diferencia:

  • Hipertensión arterial. Es el factor de riesgo más importante de todos, tanto para el ictus isquémico como para el hemorrágico. La presión alta mantenida durante años daña y endurece las paredes de las arterias, favorece la formación de placas y debilita los vasos pequeños del cerebro hasta que pueden romperse. Muchas personas la tienen sin saberlo, porque no da síntomas.
  • Fibrilación auricular y otras arritmias. Cuando el corazón late de forma irregular, la sangre puede quedarse remansada en alguna de sus cavidades y formar coágulos. Uno de esos coágulos puede desprenderse, viajar hasta el cerebro y provocar un ictus embólico. La fibrilación auricular multiplica por cinco el riesgo de ictus, y es especialmente frecuente a partir de los 65 años.
  • Diabetes. Los niveles altos de azúcar en sangre mantenidos en el tiempo dañan las paredes de los vasos sanguíneos, grandes y pequeños, y aceleran la aterosclerosis. Las personas con diabetes tienen aproximadamente el doble de riesgo de sufrir un ictus.
  • Colesterol elevado. El exceso de colesterol LDL se deposita en las paredes de las arterias formando placas de ateroma que las estrechan y pueden romperse, dando lugar a coágulos.
  • Tabaquismo. Fumar daña el revestimiento de las arterias, aumenta la tensión arterial, hace la sangre más espesa y favorece la formación de coágulos. El riesgo baja de forma significativa a los pocos años de dejarlo.
  • Sedentarismo y obesidad. Están directamente relacionados con la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto. La actividad física regular actúa sobre todos ellos a la vez.
  • Consumo excesivo de alcohol. Eleva la tensión arterial y, en cantidades altas, aumenta el riesgo de ictus hemorrágico y de arritmias.
  • Apnea del sueño. Las pausas respiratorias durante el sueño provocan caídas de oxígeno y subidas de tensión que, mantenidas en el tiempo, aumentan el riesgo cardiovascular.

Factores que no se pueden cambiar

  • Edad. El riesgo se duplica aproximadamente cada década a partir de los 55 años, aunque el ictus también puede ocurrir en personas jóvenes.
  • Sexo. Los hombres tienen un riesgo algo mayor a edades medias, pero las mujeres viven más años y sufren más ictus en total, además de tener factores propios (embarazo, anticonceptivos orales, migraña con aura).
  • Antecedentes familiares. Tener un familiar cercano que haya sufrido un ictus aumenta el riesgo, en parte por genética y en parte por hábitos compartidos.
  • Haber sufrido un ictus o un AIT previo. Es uno de los predictores más fuertes de un nuevo episodio, como explicamos en cómo prevenir un segundo ictus.

Que estos factores no se puedan modificar no significa que no sirvan de nada: conocerlos permite vigilar más de cerca los que sí se pueden controlar.

Causas menos frecuentes

En personas jóvenes, o cuando no hay factores de riesgo clásicos, el ictus puede deberse a causas menos habituales: una disección de una arteria del cuello (a veces tras un traumatismo o un movimiento brusco), trastornos de la coagulación, malformaciones vasculares congénitas, ciertas enfermedades inflamatorias, el consumo de drogas como la cocaína o las anfetaminas, o un pequeño orificio en el corazón (foramen oval permeable) que permite el paso de coágulos hacia el cerebro.

Qué se puede hacer

La mayoría de los factores modificables se pueden detectar con pruebas sencillas —medir la tensión, un análisis de sangre, un electrocardiograma— y controlar con cambios de hábitos, medicación o ambos. Se estima que hasta el 80% de los ictus podrían evitarse actuando sobre estos factores. Dedicamos una guía completa a este tema en prevención del ictus y otra más detallada sobre qué factores de riesgo puedes controlar.

Cómo se combinan los factores: el efecto multiplicador

Uno de los conceptos más importantes, y menos conocidos, es que los factores de riesgo no se suman, se multiplican. Una persona con hipertensión tiene un riesgo mayor que otra sin ella; pero una persona con hipertensión, diabetes y que además fuma tiene un riesgo muchísimo mayor que la suma de los tres por separado, porque cada factor daña las arterias por una vía distinta y los daños se refuerzan entre sí. Esto tiene una consecuencia práctica muy positiva: mejorar solo uno o dos factores reduce el riesgo global de forma desproporcionada. Dejar de fumar, por ejemplo, no solo elimina el efecto del tabaco, sino que mejora la tensión y hace que el resto de factores pesen menos.

Causas del ictus en personas jóvenes

Aunque el ictus se asocia a la edad avanzada, alrededor de uno de cada diez ocurre en personas menores de 50 años, y en ellas las causas suelen ser distintas. Pesan menos la aterosclerosis y más las anomalías cardíacas (como el foramen oval permeable, un pequeño orificio entre las cavidades del corazón que permite el paso de coágulos), la disección de una arteria del cuello (a veces tras un esfuerzo, un golpe o incluso un movimiento brusco), los trastornos de la coagulación, la migraña con aura combinada con anticonceptivos y tabaco, el consumo de cocaína o anfetaminas, y algunas enfermedades autoinmunes o inflamatorias. Por eso, en un ictus en persona joven, el estudio de la causa suele ser más amplio y detallado.

Qué hacer si tienes varios factores de riesgo

Lo primero es conocerlos con cifras: medir la tensión (idealmente también en casa durante unos días), hacerse un análisis de glucosa y colesterol y, si hay palpitaciones o antecedentes, un electrocardiograma. Con esa información, el médico de cabecera puede calcular el riesgo cardiovascular global y priorizar qué tratar primero. Lo segundo es no intentar cambiarlo todo a la vez: es más eficaz empezar por un hábito concreto y mantenerlo que abandonar diez propósitos en un mes. Y lo tercero es cumplir la medicación cuando se prescribe: la hipertensión, la diabetes o el colesterol no duelen, y por eso es tan frecuente dejar de tomar las pastillas cuando uno "se siente bien". Tenemos una guía específica en factores de riesgo del ictus: cuáles puedes controlar.

Vídeo: qué es el ictus, síntomas y claves para prevenirlo

Vídeo de Quirónsalud: un especialista repasa qué es el ictus y qué factores de riesgo controlar. Complementa las causas descritas en el artículo.

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni las indicaciones de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu situación o la de un familiar, consulta siempre con tu equipo médico.

Fuentes consultadas

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