Factores de riesgo del ictus: cuáles puedes controlar

Se estima que hasta el 80% de los ictus podrían evitarse actuando sobre sus factores de riesgo. Es una cifra enorme, y explica por qué la prevención es la herramienta más potente que existe contra esta enfermedad. Pero para prevenir hay que saber sobre qué actuar. Esta guía repasa los factores de riesgo del ictus, cuáles pesan más, cuáles se pueden modificar y cómo.
Factores que no se pueden cambiar (pero conviene conocer)
- Edad. El riesgo aumenta con los años, doblándose aproximadamente cada década a partir de los 55. Pero uno de cada diez ictus ocurre en personas menores de 50, así que la edad no es una garantía en ningún sentido.
- Sexo. A edades medias, los hombres tienen un riesgo algo mayor. Las mujeres, sin embargo, viven más y sufren más ictus en total, además de tener factores específicos: embarazo y posparto, anticonceptivos orales (sobre todo combinados con tabaco), terapia hormonal y migraña con aura.
- Antecedentes familiares. Tener un padre, madre o hermano que haya sufrido un ictus aumenta el riesgo, por genética compartida y por hábitos compartidos.
- Haber tenido ya un ictus o un AIT. Es uno de los predictores más fuertes, como explicamos en cómo prevenir un segundo ictus.
- Origen étnico. Algunas poblaciones tienen mayor predisposición, en parte por mayor prevalencia de hipertensión y diabetes.
Tener uno o varios de estos factores no significa resignarse: significa que hay más motivos para controlar de cerca todos los demás.
Factores modificables: aquí está el margen

- Hipertensión arterial. El factor de riesgo número uno, responsable de aproximadamente la mitad de los ictus. Daña las arterias, favorece los coágulos y debilita los vasos hasta que pueden romperse. No da síntomas, así que la única forma de saberlo es medirla. Qué hacer: medirla al menos una vez al año (más si hay antecedentes), reducir la sal, moverse, controlar el peso y, si está alta, tomar la medicación con constancia.
- Fibrilación auricular. Esta arritmia multiplica por cinco el riesgo de ictus porque favorece la formación de coágulos en el corazón que pueden viajar al cerebro. Muchas personas la tienen sin saberlo. Qué hacer: consultar si se notan palpitaciones irregulares, y si se diagnostica, seguir el tratamiento anticoagulante que indique el cardiólogo.
- Diabetes. Duplica el riesgo de ictus. El azúcar alto de forma crónica daña los vasos sanguíneos. Qué hacer: controlar la glucosa con dieta, ejercicio y medicación, y vigilar especialmente la tensión y el colesterol, que en personas con diabetes son aún más importantes.
- Colesterol elevado. Favorece la formación de placas en las arterias. Qué hacer: dieta con menos grasas saturadas y más fibra, ejercicio, y estatinas si el médico las indica.
- Tabaco. Duplica el riesgo de ictus. Daña las arterias, espesa la sangre y sube la tensión. Qué hacer: dejarlo por completo. El riesgo baja de forma significativa en pocos años y se acerca al de un no fumador al cabo de unos años más. Hay tratamientos eficaces para ayudar.
- Sedentarismo. Contribuye a la hipertensión, la diabetes, la obesidad y el colesterol. Qué hacer: al menos 150 minutos semanales de actividad moderada (caminar a buen paso cuenta), o lo que la situación de cada persona permita. Cualquier movimiento es mejor que ninguno.
- Obesidad, especialmente abdominal. Se asocia a todos los factores anteriores. Qué hacer: perder incluso un 5-10% del peso mejora de forma medible la tensión, la glucosa y el colesterol.
- Alimentación poco saludable. Exceso de sal, grasas saturadas, azúcares y ultraprocesados. Qué hacer: patrones como la dieta mediterránea (verduras, frutas, legumbres, pescado, aceite de oliva, frutos secos, poca carne roja) han demostrado reducir el riesgo de ictus.
- Alcohol en exceso. Sube la tensión y aumenta el riesgo de arritmias y de ictus hemorrágico. Qué hacer: cuanto menos, mejor; si se bebe, con moderación.
- Apnea del sueño. Las pausas respiratorias nocturnas provocan picos de tensión y bajadas de oxígeno. Qué hacer: consultar si hay ronquidos fuertes, pausas al respirar dormido o somnolencia diurna; el tratamiento con CPAP reduce el riesgo.
- Estrés crónico y depresión. Se asocian a mayor riesgo cardiovascular, en parte de forma directa y en parte porque empeoran los hábitos. Qué hacer: cuidar el descanso, buscar apoyo, pedir ayuda profesional si hace falta.
- Drogas. La cocaína y las anfetaminas pueden provocar ictus incluso en personas jóvenes y sanas.
Los factores se suman (y se multiplican)
Tener dos o tres factores de riesgo no suma el riesgo de cada uno: lo multiplica. Una persona fumadora, hipertensa y con colesterol alto tiene un riesgo mucho mayor que la suma de esos tres factores por separado. La parte buena es que la lógica funciona también al revés: mejorar dos o tres factores a la vez reduce el riesgo de forma muy notable, y muchos hábitos (moverse, comer mejor, perder peso) mejoran varios factores al mismo tiempo.
Por dónde empezar
- Mide tu tensión arterial y conoce tus cifras de glucosa y colesterol. Un análisis y una toma de tensión bastan para empezar.
- Si fumas, dejar de fumar es probablemente lo más eficaz que puedes hacer.
- Muévete cada día, aunque sea caminar.
- Reduce la sal y los ultraprocesados.
- Si tienes hipertensión, diabetes, colesterol alto o una arritmia diagnosticadas, toma la medicación sin saltártela y acude a las revisiones.
- Aprende a reconocer los síntomas de un ictus con el método FAST: prevenir también es saber actuar a tiempo.
Puedes ver el conjunto de medidas preventivas en nuestra guía general sobre prevención del ictus, y entender mejor cómo actúan estos factores en causas del ictus.
Qué cifras conviene conocer
Prevenir sin números es prevenir a ciegas. Estos son los valores de referencia que suelen manejar los profesionales, aunque los objetivos individuales los fija siempre el médico según la edad y el resto de factores: tensión arterial por debajo de 140/90 en población general y, en personas con alto riesgo o que ya han tenido un ictus, a menudo por debajo de 130/80; colesterol LDL ("malo") tanto más bajo cuanto mayor es el riesgo, con objetivos muy estrictos tras un ictus; glucosa en ayunas por debajo de 100 mg/dl y hemoglobina glicosilada por debajo del 7% en personas con diabetes; perímetro de cintura por debajo de 94 cm en hombres y 80 cm en mujeres como orientación de grasa abdominal. Conocer las propias cifras y ver cómo mejoran con los cambios es una de las mejores motivaciones para mantenerlos.
Revisiones periódicas: qué y cada cuánto
- Tensión arterial: al menos una vez al año a partir de los 40 (antes si hay antecedentes), y con tensiómetro en casa si está alta o en tratamiento.
- Análisis de sangre (glucosa, colesterol, función renal): cada uno a tres años según el riesgo, o anual si hay factores de riesgo.
- Pulso y electrocardiograma: si se notan palpitaciones irregulares, mareos o fatiga inexplicada, o de forma periódica a partir de los 65 años para detectar fibrilación auricular. Muchos tensiómetros y relojes actuales avisan de pulso irregular.
- Peso y perímetro de cintura: cada pocos meses, en casa.
- Sueño: consultar si hay ronquidos fuertes, pausas respiratorias observadas por la pareja o somnolencia diurna.
- Revisión de la medicación: en cada visita, para comprobar cumplimiento y ajustar dosis.
Pequeños cambios con gran efecto
No hace falta transformar la vida de golpe. Cambios modestos y sostenidos tienen un impacto medible: reducir la sal a menos de 5 gramos al día (una cucharadita) puede bajar la tensión varios puntos; caminar 30 minutos cinco días a la semana reduce el riesgo cardiovascular de forma significativa; sustituir refrescos y bollería por agua, fruta y frutos secos mejora el peso, la glucosa y el colesterol a la vez; dejar de fumar reduce el riesgo de ictus a la mitad en pocos años; y dormir siete horas con horarios regulares ayuda a controlar la tensión y el apetito. Elegir uno, mantenerlo un mes y después añadir otro funciona mejor que intentarlo todo a la vez.
Vídeo: claves para prevenir el ictus
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni las indicaciones de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu situación o la de un familiar, consulta siempre con tu equipo médico.

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