Prevención del ictus

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Aunque no todos los ictus se pueden evitar, se calcula que una gran parte están relacionados con factores de riesgo que sí pueden controlarse. Cuidar estos aspectos no solo reduce el riesgo de sufrir un primer ictus, sino también el de padecer uno nuevo tras haber tenido ya uno.

Controla la tensión arterial

Pareja mayor haciendo ejercicio suave en el salón de casa

La hipertensión es el factor de riesgo modificable más importante. Revisarla periódicamente y seguir el tratamiento pautado por el médico si se detecta es una de las medidas con mayor impacto en la prevención.

Cuida el corazón

Algunas arritmias, como la fibrilación auricular, aumentan considerablemente el riesgo de ictus porque favorecen la formación de coágulos. Si el médico detecta una arritmia, es importante seguir el tratamiento indicado, que en muchos casos incluye anticoagulantes.

Vigila la diabetes y el colesterol

Mantener la glucosa y el colesterol dentro de los niveles recomendados, con dieta, ejercicio y, si el médico lo indica, medicación, ayuda a proteger los vasos sanguíneos del cerebro.

Hábitos que marcan la diferencia

  • Dejar de fumar: el tabaco daña los vasos sanguíneos y multiplica el riesgo.
  • Moderar el consumo de alcohol.
  • Mantener una alimentación equilibrada, con poca sal y grasas saturadas.
  • Hacer actividad física de forma regular, adaptada a las posibilidades de cada persona.
  • Mantener un peso saludable.

Si ya has tenido un ictus: prevenir uno nuevo

Haber sufrido un ictus aumenta el riesgo de tener otro, por lo que el seguimiento médico y el cumplimiento del tratamiento son especialmente importantes en estos casos. El equipo médico es quien debe ajustar el plan de prevención a la causa concreta que originó el ictus. Puedes leer más sobre las secuelas y la vida después de un ictus en nuestro artículo sobre vida y secuelas tras un ictus.

No ignores las señales de alarma

Conocer los síntomas de un ictus y actuar con rapidez si aparecen es también una forma de prevención: minimiza el daño y reduce el riesgo de secuelas graves. Repasamos estos síntomas en nuestro artículo sobre qué es un ictus.

Prevención en cada etapa de la vida

El riesgo de ictus se construye a lo largo de décadas, así que la prevención tiene sentido a cualquier edad. Antes de los 40, lo decisivo es no fumar, mantener un peso saludable, moverse y conocer la tensión arterial, sobre todo si hay antecedentes familiares; en las mujeres, vigilar la combinación de anticonceptivos, tabaco y migraña con aura. Entre los 40 y los 65, es la etapa de detectar y tratar la hipertensión, la diabetes y el colesterol, que aparecen sin síntomas, y de cuidar el sueño y el estrés. A partir de los 65, además de todo lo anterior, cobra especial importancia detectar la fibrilación auricular (una arritmia frecuente y a menudo silenciosa) y tratarla con anticoagulación cuando está indicada, porque es una de las causas más prevenibles de ictus grave en esta edad.

Mitos frecuentes sobre la prevención del ictus

  • "Si no me duele nada, no tengo la tensión alta." La hipertensión no da síntomas; la única forma de saberlo es medirla.
  • "El ictus es cosa de mayores." Uno de cada diez ocurre en menores de 50 años, y los casos en jóvenes van en aumento.
  • "Una copa de vino al día protege." La evidencia actual no respalda un efecto protector del alcohol; cuanto menos, mejor.
  • "Tomo la medicación cuando me noto mal." Los tratamientos para la tensión, el colesterol o la coagulación solo funcionan si se toman siempre, sin síntomas que avisen.
  • "Ya es tarde para cambiar." Dejar de fumar, moverse o controlar la tensión reducen el riesgo a cualquier edad, incluso tras un primer ictus.

Guías relacionadas para profundizar

Alimentación que protege el cerebro

No hay una dieta milagrosa, pero sí un patrón con evidencia sólida: la dieta mediterránea. Verduras y frutas en cada comida, legumbres varias veces por semana, cereales integrales, pescado (sobre todo azul) al menos dos veces por semana, aceite de oliva virgen como grasa principal, un puñado de frutos secos al día, poca carne roja y procesada, y muy pocos dulces, bollería, refrescos y ultraprocesados. Dos ajustes marcan especialmente la diferencia en el riesgo de ictus: reducir la sal (no solo la del salero: la mayoría viene escondida en pan, embutidos, quesos, conservas y platos preparados) y aumentar el potasio con frutas, verduras y legumbres, que ayuda a controlar la tensión. Comer así no exige renunciar a la cocina tradicional española; en gran medida es volver a ella.

Actividad física: cuánta y cuál

La recomendación general es al menos 150 minutos semanales de actividad moderada (caminar a buen paso, bicicleta suave, nadar, bailar) o 75 de actividad intensa, repartidos en varios días, más dos sesiones semanales de fuerza. Pero el mensaje más importante es otro: cualquier cantidad es mejor que ninguna, y el mayor beneficio lo obtienen quienes pasan de no hacer nada a hacer algo. Subir escaleras, bajarse una parada antes, pasear después de comer o hacer ejercicios sentado si hay limitaciones de movilidad cuentan. Para personas con enfermedades previas o que ya han sufrido un ictus, conviene que el médico o el fisioterapeuta indiquen qué tipo de ejercicio y qué intensidad son seguros.

Tabaco y alcohol: lo que dice la evidencia

El tabaco duplica el riesgo de ictus y actúa por varias vías a la vez: daña la pared de las arterias, acelera la formación de placas, espesa la sangre, sube la tensión y reduce el oxígeno que llega al cerebro. La buena noticia es que el efecto es reversible: a los dos o cinco años de dejarlo, el riesgo se acerca al de quien nunca ha fumado. Existen tratamientos eficaces (terapia sustitutiva con nicotina, medicación, programas de apoyo en atención primaria) que multiplican las posibilidades de éxito frente a intentarlo solo. En cuanto al alcohol, la idea de que una copa diaria protege ha ido perdiendo respaldo científico; lo que sí está claro es que el consumo elevado sube la tensión, favorece las arritmias y aumenta el riesgo de ictus hemorrágico. La recomendación actual es sencilla: cuanto menos, mejor.

Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni el consejo de un profesional sanitario. Consulta siempre con tu médico las medidas más adecuadas para tu caso.

Fuentes consultadas

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