Secuelas del ictus según el lado del cerebro afectado

Médico mayor enseñando a una mujer las imágenes de su escáner cerebral en una tablet

Las secuelas de un ictus dependen sobre todo de qué zona del cerebro ha resultado dañada y de cuánto. Pero hay una primera gran división que ayuda a orientarse: si la lesión está en el hemisferio izquierdo o en el derecho. Cada hemisferio se ocupa de funciones distintas, y por eso las secuelas de un ictus en el lado izquierdo del cerebro suelen ser bastante diferentes de las de un ictus en el lado derecho.

Lo primero: el lado del cerebro y el lado del cuerpo van cruzados

Cada hemisferio controla el movimiento y la sensibilidad del lado contrario del cuerpo. Así que un ictus en el hemisferio izquierdo produce secuelas motoras en el lado derecho del cuerpo, y un ictus en el hemisferio derecho las produce en el lado izquierdo. Esto a veces genera confusión cuando la familia oye hablar de "ictus izquierdo" y ve que es el brazo derecho el que no se mueve. Ambas cosas son correctas: se refieren a lados distintos (cerebro y cuerpo).

Secuelas de un ictus en el hemisferio izquierdo

Neuróloga con guantes revisando imágenes de resonancia cerebral

El hemisferio izquierdo es, en la inmensa mayoría de las personas, el hemisferio del lenguaje y del pensamiento analítico y secuencial. Un ictus en este lado suele dejar:

  • Hemiplejia o hemiparesia derecha: parálisis o debilidad del lado derecho del cuerpo.
  • Afasia: problemas para hablar, entender, leer o escribir. Puede afectar sobre todo a la expresión (la persona entiende pero no puede decir lo que quiere), sobre todo a la comprensión (habla con fluidez pero sin sentido y no entiende bien), o a ambas. Es la secuela más característica de este lado.
  • Apraxia: dificultad para planificar movimientos aprendidos, como usar utensilios, vestirse o hacer gestos con un propósito.
  • Dificultades con los números, el cálculo y la secuencia de pasos en una tarea.
  • Estilo de conducta más lento y cauteloso, con tendencia a la frustración y al desánimo, en parte por la barrera de comunicación.
  • Pérdida del campo visual derecho (hemianopsia derecha): no ve lo que hay a su derecha en ambos ojos.

Secuelas de un ictus en el hemisferio derecho

El hemisferio derecho se ocupa sobre todo de la percepción del espacio, la atención, el reconocimiento visual y la regulación de las emociones y la conducta. Un ictus en este lado suele dejar:

  • Hemiplejia o hemiparesia izquierda: parálisis o debilidad del lado izquierdo del cuerpo.
  • Heminegligencia izquierda: la persona ignora el lado izquierdo de su cuerpo y del espacio. No come lo que hay en la mitad izquierda del plato, choca con obstáculos a su izquierda, no se afeita ese lado. Es una secuela muy característica y a menudo mal comprendida por el entorno.
  • Alteraciones visoespaciales: dificultad para calcular distancias, orientarse, vestirse (no sabe qué manga es cuál), leer un reloj o reconocer caras.
  • Impulsividad y falta de conciencia de los déficits: tiende a sobreestimar lo que puede hacer, se levanta sin ayuda, no percibe el riesgo. Aumenta mucho el riesgo de caídas.
  • Cambios emocionales: aparente indiferencia, dificultad para interpretar emociones ajenas o para expresar las propias, cambios bruscos de humor, a veces risa o llanto sin control.
  • Dificultad para prestar atención y para mantenerla en una tarea.
  • Pérdida del campo visual izquierdo (hemianopsia izquierda).

Secuelas comunes a ambos lados

Con independencia del hemisferio afectado, hay secuelas que pueden aparecer en cualquier ictus:

  • Pérdida de sensibilidad en el lado afectado.
  • Espasticidad (rigidez muscular) y dolor, sobre todo en el hombro.
  • Disfagia (dificultad para tragar), con riesgo de atragantamiento y neumonía.
  • Fatiga intensa, muy frecuente y a menudo subestimada.
  • Problemas de memoria y de concentración.
  • Incontinencia urinaria, sobre todo en las primeras semanas.
  • Depresión y ansiedad, que afectan a una de cada tres personas tras un ictus.

Ictus en el tronco del encéfalo y en el cerebelo

No todos los ictus ocurren en los hemisferios. Cuando afectan al tronco del encéfalo (la zona que conecta el cerebro con la médula), pueden dejar secuelas en ambos lados del cuerpo, problemas graves para tragar y hablar, visión doble, vértigo intenso y, en los casos más graves, alteraciones de la conciencia o de la respiración. Los ictus del cerebelo afectan sobre todo al equilibrio y a la coordinación, con inestabilidad al caminar, temblor al intentar coger objetos y mareo.

Por qué importa conocer el lado afectado

Para la familia, saberlo permite entender conductas que de otra forma parecen incomprensibles y no interpretarlas como desinterés, descuido o mal carácter. Para el equipo de rehabilitación, orienta qué disciplinas tienen más peso: la logopedia en la lesión izquierda, la neuropsicología y la terapia ocupacional en la derecha. Y en todos los casos, la fisioterapia y la rehabilitación temprana e intensiva siguen siendo la clave, como explicamos en rehabilitación tras un ictus. Puedes profundizar en las secuelas motoras en hemiplejia derecha o izquierda, y en el conjunto de la vida tras el ictus en vida y secuelas tras un ictus.

Las secuelas invisibles: las que nadie ve pero más pesan

Las secuelas físicas se ven; las cognitivas y emocionales, no, y por eso a menudo se subestiman, tanto por el entorno como por los propios profesionales. La fatiga post-ictus es quizá la más frecuente y la menos comprendida: un cansancio profundo que no mejora con el descanso, que aparece tras esfuerzos mínimos y que la persona no puede "controlar con voluntad". Los problemas de atención y memoria hacen que cueste seguir una conversación, recordar citas o terminar una tarea. Y los cambios emocionales —irritabilidad, tristeza, llanto fácil, apatía— pueden cambiar la relación con la familia más que la propia parálisis. Reconocer que son consecuencia del ictus, y no falta de ganas o mal carácter, es el primer paso para tratarlas.

Cómo evolucionan las secuelas con el tiempo

La mayoría de las secuelas mejoran de forma significativa en los primeros tres a seis meses, que es cuando el cerebro tiene mayor capacidad de reorganización. Algunas, como la disfagia o la incontinencia, suelen resolverse casi por completo en las primeras semanas. Otras, como la marcha, mejoran mucho en los primeros meses. Las más lentas son la función fina de la mano, el lenguaje y las alteraciones cognitivas, que pueden seguir progresando durante uno o dos años con trabajo constante. Y hay secuelas que se estabilizan: en ese caso el objetivo pasa de "recuperar" a "compensar", con estrategias, adaptaciones y ayudas técnicas que permiten una vida autónoma a pesar de ellas. Lo desarrollamos en cuánto dura la recuperación de un ictus.

Qué profesional trata cada secuela

  • Fisioterapeuta: movilidad, fuerza, equilibrio, marcha, espasticidad, dolor de hombro.
  • Terapeuta ocupacional: uso del brazo y la mano en tareas reales, actividades de la vida diaria, adaptación del entorno, ayudas técnicas.
  • Logopeda: afasia, disartria, disfagia (deglución).
  • Neuropsicólogo: atención, memoria, funciones ejecutivas, negligencia, cambios de conducta.
  • Psicólogo/psiquiatra: depresión, ansiedad, adaptación emocional, apoyo a la familia.
  • Médico rehabilitador y neurólogo: coordinación del plan, tratamiento de la espasticidad (toxina botulínica), medicación, seguimiento.
  • Trabajador social: recursos, ayudas económicas, valoración de dependencia y discapacidad.

Este artículo tiene fines informativos y no sustituye el diagnóstico ni las indicaciones de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu situación o la de un familiar, consulta siempre con tu equipo médico.

Fuentes consultadas

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