Cómo adaptar la casa tras un ictus
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Cuando alguien vuelve a casa después de un ictus, la casa es la misma pero la persona no. Un escalón de tres centímetros, una alfombra, una bañera alta o un pasillo con muebles se convierten en obstáculos reales y en riesgo de caída. Adaptar la vivienda no es hacer una obra: casi siempre empieza por quitar cosas, mover otras y añadir unos pocos apoyos.
Aquí te contamos por dónde se empieza, habitación por habitación, qué cambios son baratos y cuáles merecen inversión, y qué ayudas públicas existen para pagarlos. La valoración concreta de tu casa la hace la terapeuta ocupacional del equipo de rehabilitación o de los servicios sociales: pídela, es gratuita en la mayoría de los casos.
Antes de cambiar nada: mirar la casa con otros ojos
Lo primero es hacer el recorrido que hace la persona cada día: de la cama al baño, del baño a la cocina, del sofá a la puerta. Hay que hacerlo pensando en un lado del cuerpo que no responde, en una mano que no agarra y en unos pies que se arrastran. Todo lo que esté en ese camino y no sea imprescindible, fuera.
Después se mira la altura de las cosas. Las sillas muy bajas, los sofás blandos y las camas bajas obligan a hacer fuerza para levantarse. Elevar la cama con tacos o cambiar el sofá por uno más firme y alto cambia el día entero, y cuesta poco.
Por último, la luz. Muchas caídas ocurren de noche, camino del baño. Un interruptor al alcance de la cama, luces de paso con sensor en el pasillo y una luz tenue en el baño evitan sustos sin gastar casi nada.
El baño, la habitación que más accidentes causa
El baño concentra agua, suelo resbaladizo, superficies duras y movimientos difíciles: sentarse, levantarse, girarse, pasar por encima de un bordillo. Es, con diferencia, la habitación donde más merece la pena invertir.
La bañera es el primer problema. Pasar una pierna que no responde por encima del borde es peligroso incluso con ayuda. Hay tres soluciones, de menos a más coste: una tabla de bañera para sentarse y pasar las piernas, un asiento giratorio, o cambiar la bañera por un plato de ducha a ras de suelo. Lo tercero es lo que recomiendan casi todos los profesionales si se puede asumir el gasto, y es el cambio que más ayudas públicas recibe.
En la ducha, además del suelo antideslizante, conviene un asiento (abatible de pared o una silla de ducha), una barra de apoyo vertical y otra horizontal, y grifo termostático o de palanca que se maneje con una sola mano y no queme. La alcachofa con manguera larga permite ducharse sentado.
El inodoro suele quedar bajo. Un alza de inodoro o un elevador con reposabrazos facilita sentarse y levantarse. Y las barras de apoyo, atornilladas a la pared, no las de ventosa: las de ventosa se sueltan en el peor momento.
Lo que más importa
Si solo puedes hacer una cosa en casa, haz el baño: ducha sin bordillo o asiento, barras bien fijadas y suelo que no resbale. Es donde ocurren la mayoría de las caídas y donde más se nota la diferencia. Pide a la terapeuta ocupacional que valore tu baño antes de comprar nada.
Dormitorio, salón y cocina
En el dormitorio, la cama debe permitir sentarse y levantarse sin esfuerzo y tener un lado libre por el que entrar y salir, preferiblemente el lado sano. Una barra de cama o un asidero ayuda a girarse e incorporarse. La mesilla, con lo imprescindible: agua, teléfono, luz.
En el salón, un sillón con reposabrazos y asiento firme es más importante que cualquier otra cosa. Los sofás profundos son una trampa: se entra bien y no se sale. Y el recorrido hasta la ventana, la televisión o la mesa, libre de alfombras y cables.
En la cocina la clave es poder trabajar sentado y con una mano: una tabla de cortar con pinchos o borde que sujete el alimento, abrelatas y abrebotes de una mano, y los utensilios de uso diario a la altura de la encimera. El fuego y el horno conviene que tengan mandos frontales y que no haya que pasar el brazo por encima de la llama.
Entrada, pasillos y escaleras
Un escalón en la puerta de casa puede dejar a alguien encerrado. Las soluciones van desde una rampa portátil para un escalón o dos, hasta una rampa fija o un salvaescaleras cuando hay tramos largos. Los pasillos necesitan 80 centímetros libres para pasar con andador o silla, y pasamanos en ambos lados de cualquier escalera.
Las puertas estrechas, los pomos redondos y las puertas pesadas también son barreras. Cambiar el pomo por una manilla de palanca cuesta muy poco y se abre con el codo o con una mano débil. Las puertas correderas, cuando se puede, ganan espacio y evitan golpes.
Ayudas para pagar las adaptaciones
Muchas de estas adaptaciones tienen ayuda pública, pero hay que pedirla antes de hacer la obra, no después. Las vías habituales son:
- Reconocimiento de la discapacidad (33 % o más): da acceso a ayudas autonómicas para eliminación de barreras y adaptación de vivienda.
- Ley de Dependencia: el grado reconocido puede incluir prestación económica para adaptar la casa o para contratar ayuda.
- Ayudas municipales y autonómicas de accesibilidad: convocatorias anuales, con plazos; infórmate en servicios sociales del ayuntamiento.
- Comunidad de vecinos: la Ley de Propiedad Horizontal obliga a la comunidad a hacer obras de accesibilidad (rampas, ascensor) cuando lo pide una persona con discapacidad o mayor de 70 años, con ciertos límites de coste.
- Deducciones fiscales por obras de adaptación en la declaración de la renta, en algunas comunidades.
El trabajador social del hospital o del centro de salud es quien mejor conoce las ayudas de tu zona y puede ayudarte con los papeles. Y las asociaciones de daño cerebral de cada provincia suelen tener bancos de productos de apoyo para probar o prestar sillas de ducha, barras o rampas antes de comprarlas.
Preguntas frecuentes
¿Hay que hacer obra para adaptar la casa?
Casi nunca al principio. Lo primero es quitar obstáculos, mejorar la luz y añadir apoyos. La obra, si hace falta, suele ser el cambio de bañera por ducha.
¿Quién valora qué necesita mi casa?
La terapeuta ocupacional del equipo de rehabilitación o de servicios sociales. Visita la vivienda o la analiza con fotos y medidas y recomienda cambios concretos.
¿Cuánto cuesta cambiar la bañera por ducha?
Depende de la zona y del baño, pero es una obra de pocos días. Hay ayudas públicas que cubren una parte; conviene pedirlas antes de empezar.
¿Las barras de ventosa sirven?
No para apoyar el peso del cuerpo. Las barras de apoyo deben ir atornilladas a la pared.
¿Puedo obligar a la comunidad a poner una rampa?
La ley obliga a la comunidad a realizar obras de accesibilidad a petición de una persona con discapacidad o mayor de 70 años, con un límite de coste. Consulta con el administrador o con servicios sociales.
¿Dónde puedo probar sillas de ducha o andadores antes de comprar?
En los bancos de productos de apoyo de las asociaciones de daño cerebral y en algunos servicios sociales municipales.
Este contenido tiene fines informativos y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre tu situación o la de un familiar, consulta siempre con tu equipo médico.
